Articles and Publications
|
Jesús Martínez, Ph.D.
In this section you will find a collection of my articles, publications and
links to others not included here. Check frequently for new works and
updates.
Jesús Martínez Saldaña *
Article published in La Jornada, 31 March 2006
click here for link
Las megamarchas que se han realizado estos días en Los Ángeles,
Chicago, Denver, Las Vegas y otras ciudades estadunidenses están
dejando muchas lecciones a los mexicanos en ambos lados de la
frontera.
Sin duda alguna, las movilizaciones masivas han llevado al ámbito
nacional del vecino país algo que se vislumbró por primera vez en
California en 1994, durante la lucha contra la proposición 187: la
gestación de un nuevo movimiento pro derechos civiles, esta vez
enfocado en defender y promover los derechos de los migrantes,
independientemente de su situación legal.
Al igual que otros movimientos sociales, el actual incluye a un sector
social desprotegido y generalmente pobre, que históricamente ha sido
excluido de procesos electorales en México y Estados Unidos, y que
cuenta con pocos recursos para influir en la vida política tradicional. Su
fuerza radica en el número de personas que pueden integrarse a las
actividades, aunque en esta ocasión se dificulta todavía más porque
muchos de los millones de potenciales miembros son indocumentados,
temen a las autoridades, no hablan inglés y tienen un conocimiento
limitado del sistema político estadunidense.
Hoy en día los enemigos a vencer no son únicamente autoridades
estatales, como el ex gobernador californiano Pete Wilson, sino las
fuerzas nacionales que impulsan reformas como la HR 4437, mejor
conocida como inciativa Sensenbrenner, que en diciembre pasado fue
aprobada por la Cámara de Representantes.
Los activistas han enfrentado muchas desventajas. Desde hace varios
años el debate migratorio se ha desenlazado dentro de los parámetros
establecidos por el discurso propuesto por las fuerzas anti-inmigrantes,
incluyendo a reconocidos intelectuales, autoridades de todos los niveles,
medios de comunicación, organizaciones extremistas y políticos
ambiciosos. No obstante, desde el sábado 25 de marzo la situación ha
cambiado. Con la capacidad de movilización que se ha demostrado en
las marchas hasta hoy realizadas, los activistas han ganado la
posibilidad de influir de manera decisiva en el debate nacional sobre
migración. Ya es impensable ignorarlos o considerar que aprobar una
reforma tan nefasta como la iniciativa Sensenbrenner no tendrá costos
políticos considerables en la actualidad o en el futuro inmediato.
Lo ocurrido en California en la década pasada merece ser recordado. En
1994 el electorado californiano aprobó la proposición 187. Sin embargo,
en los años posteriores Pete Wilson y otros políticos que la impulsaron
cosecharon la ira de la población latina y de otros sectores sociales,
sufriendo derrotas políticas a grado tal que ya nadie deseaba vincularse
políticamente con ellos. Wilson se había convertido en el peor enemigo
de su propio Partido Republicano. Algo parecido puede ocurrir ahora a
escala nacional si los migrantes y sus aliados saben aprovechar el
potencial del movimiento que se ha extendido a lo largo y ancho de
Estados Unidos.
El desenlace del movimiento también debe llevar a la reflexión a las
autoridades mexicanas. Además de la transformación del debate
estadunidense sobre migración, y a diferencia de otras movilizaciones
sociales que se han desarrollado recientemente en el vecino país, el
actual movimiento de migrantes tiene una dimensión trasnacional que
rebasa las fronteras de Estados Unidos y presenta un innegable desafío
para México, lugar de origen de muchas de las mujeres y hombres que
constituyen la dirigencia y membrecía del nuevo fenómeno socio-político.
Ante los logros de los migrantes mexicanos en Estados Unidos es
inevitable preguntar: si nuestros connacionales están cumpliendo con su
deber de organizarse, movilizarse y defender sus derechos, ¿qué debe
hacer el gobierno mexicano? ¿Han definido las autoridades de nuestro
país los intereses nacionales en torno a la migración internacional y,
concretamente, ante la situación actual en Estados Unidos? ¿Cuáles
son esos intereses? ¿Se puede decir que tenemos una política
migratoria de Estado? ¿Qué lugar le hemos dado a nuestros migrantes
para elaborar nuestras propias políticas migratorias?
Me parece que las autoridades mexicanas todavía no están a la altura de
las circunstancias.
Hace dos décadas viajé a la Universidad de California, en Irvine, para
asistir a una conferencia académica sobre migración mexicana. En esa
ocasión escuché por primera vez al investigador Manuel García y Griego
argumentar que el gobierno mexicano de ese entonces tenía una política
migratoria de no tener una política migratoria.
Nunca antes, ni después, se ha conceptualizado de manera tan clara y
contundente nuestra tradición de negligencia acerca de la migración de
nuestros ciudadanos a Estados Unidos.
Hoy, 20 años más tarde, podemos hablar de algunos logros en materia
de migración (programa 3 x 1, oficinas estatales de atención al migrante,
voto de algunos migrantes en la elección presidencial de 2006), pero
seguimos careciendo de una respuesta adecuada, realista e integral.
Justo lo que nos gusta criticar a Estados Unidos.
Un esfuerzo reciente para avanzar en este tema ha sido el documento
México frente al fenómeno migratorio, elaborado por funcionarios del
Poder Ejecutivo Federal, diputados y senadores, académicos y
representantes de algunas ONG. El documento ofrece una propuesta de
principios y recomendaciones para abordar el tema migratorio. Tanto la
Cámara de Diputados como el Senado aprobaron puntos de acuerdo
respaldando el texto y, más recientemente, fue publicado en medios
estadunidenses y nacionales para demostrar que existe un compromiso
nacional sobre la migración, que ya no deseamos seguir teniendo una
política migratoria de no tener política migratoria.
Sin duda alguna, México frente al fenómeno migratorio es un logro
importante que puede servir como punto de referencia para desarrollar lo
que pudiera ser una política migratoria de Estado. Sin embargo, en el
documento resalta una gravísima deficiencia que esperamos sea
corregida a la brevedad: la notoria ausencia de nuestros migrantes en la
lista de colaboradores.
Tal situación debe alarmar a cualquier persona que se preocupe por
crear en México un régimen democrático, incluyente y participativo.
¿Acaso no había entre los millones de nuestros migrantes persona
alguna con capacidad o méritos suficientes para participar en el grupo de
trabajo que elaboró el documento? ¿Seguimos pensando que es mejor
continuar con respuestas paternalistas y excluyentes, porque
autoridades y expertos saben lo que es mejor para los migrantes?
Nuestros migrantes y la situación política en Estados Unidos nos indican
que es urgente avanzar en el desarrollo de una respuesta adecuada que,
como nación y gobierno, debemos formular ante el fenómeno de la
migración internacional y ante la siempre compleja y difícil relación con el
vecino del norte. Los migrantes están demostrando que tienen mucho
que ofrecer y que su ausencia de nuestra vida cotidiana o discusión
política sólo puede considerarse como una grave pérdida para México.
Por cierto, aparte de declaraciones ocasionales ante la prensa, ¿cuáles
son las propuestas de los candidatos presidenciales acerca de la
migración mexicana a Estados Unidos? ¿Qué han hecho para incorporar
a los migrantes a su proyecto de nación?
* Migrante y diputado en el Congreso del estado de Michoacán
email: jesus@jesusmartinez.org
Article: ¿Y nuestra política migratoria?
|
New: "LA DÉMOCRATIE AU COMPTE-GOUTTES L'EXTENSION DES DROITS POLITIQUES AUX MEXICAINS DE L'ÉTRANGER" Jesús Martínez-Saldaña
In Stéphane Dufoix, Carine Guerassimoff, Anne de Tinguy Loin des yeux, près du coeur Les États et leurs expatriés (Paris: Presses de Sciences Po, 2010) Click here for link
|